lunes, 15 de junio de 2015

"EL SACADOR DE ESPINAS" Capítulo III (La niebla)

Foto: Asunción M.
                 

Instintivamente, Jasone, se dirigió cautelosa hacia el centro de esa desolada estancia, estancia también turbadora y enigmática. Es verdad que ella se movía con cautela, pero no por eso dejó de ser la mujer con arrojo,valiente y recia que era, atributos estos propios del carácter de su progenitor, teta de la que ella había mamado gustosa y que ahora llevaba con orgullo por patria, por bandera. A esto, había que sumar la carga  genética, que había heredado de su adorable y vasca madre, que la dotaba de una gran fiereza, amén de  cualidades mundanas y frívolas.

Tomó las riendas de la situación, como había hecho siempre, por otra parte, se autoanimó diciendo: - "vamos, Jasone, no te arrepientas ahora , era necesario, además, parece que nada es casual,  me estaban esperando. Si sale bien, fantástico, será un paso hacia adelante, si sale mal, ¡¡oh...Dios!! ¿si sale mal, qué?"

El silencio cada vez era más perturbador, era un silencio que hablaba, un silencio indiscreto, sobre amores perdidos y hallados; odios, rencores, perdones; cosas hechas, cosas sin hacer; gratitudes, deslealtades; lloros y risas; vida, muerte.

Pero ¿qué estaba pasando?, ¿qué es lo que estaba advirtiendo?, la dio un repelús. Un no se que la tanteaba, la rozaba, como si una entidad la arrastrara, así, muy sutil, levemente. La visión era prácticamente nula,  necesitó las palmas de sus manos y su cuerpo ágil para poder continuar, para abrirse camino de lo que parecía una grisácea y densa niebla, llegada ya a su punto de rocío. Se echó la mano al pecho considerando que su capacidad pulmonar menguaría, pero no, muy al contrario comenzó a sentir una brisa fresca, de olores primaverales, de olores de menta, de hierba buena, era como si su cerebro estuviera teletrasportándose, pero...¿ dónde?

Todas las nieblas conocidas por Jasone hasta entonces, pasaron por su cabeza como si de una película, un filme se tratara: "La niebla" de Stephen King; Heidi ,  sí, sí, han oído bien, esa niña entrañable y huérfanita cuyo barbiblanco  y tierno abuelo tenía un perro llamado Niebla, ese San Bernardo pachorrón, que bien podría haberse llamado Olfo, ser un buldog francés y tener un dueño llamado Ignacio, pero ¿quién era ella para cambiar los acontecimientos de la historia, para cambiar el guión de tan afamada serie?

No es que hubiera mucha niebla en esa escena, pero también vino a su masa grisácea el recuerdo de una escena de la película: "La lengua de las mariposas", con el magistral Fernando Fernán Gómez; es el momento en el que, Andrés, toca un solo de saxo, concretamente del pasodoble español "en er mundo" de Juan Quintero Muñoz; una actuación que es una declaración de amor en toda regla, notas musicales amancebándose. ¡Dios, que manera tan elevada de conquista!.

También, con apuro, se acordó de esa niebla mañanera y galopante de las madrugadas de invierno poblando, inundando el sinuoso camino de casa al trabajo, con el bostezo aún en la boca y en algún hemisferio del cráneo.

Pero, el recuerdo más hondo, que más huella dejó de la relación con sus nieblas fue sin duda: "La Niebla" de Miguel de Unamuno, fue esta la niebla que la llevó a hacer más reflexiones, a inflexionar, que lucha contra el determinismo divino:

"...¿con que no quiere? No quiere.
Usted déjeme ser yo, salir de la niebla
vivir, vivir, vivir, verme, oírme
tocarme, sentirme, dolerme, serme:
¿con que no lo quiere?
¿con que he de morir ente de ficción?..."

¿Y si pudiera ser inmortal?, se cuestionó Jasone, ¿si luchara contra la muerte, esa oscura dama que tiene por costumbre hacer acto de presencia preferiblemente al alba? ¿ y si pudiera perpetuarme, la habría vencido de alguna manera?

Mientras Jasone divagaba, se estrujaba el seso con todo esto, algo nuevo estaba sucediendo en ese fascinante y misterioso habitáculo, una potente y deslumbrante luz blanca incidía en un preciso punto. Pausadamente, poco a poco, surgía una imagen, algo se iba materializando. Una melodía, inicialmente irreconocible, se extendía, anegaba el espacio. - Sí, ya oigo bien, es una nana, es la Wigenlied de Brahns.

Jasone, llegó hasta la luz: - "¡Oh, Dios, una cuna!", exclamó Jasone. Efectivamente, era una cuna de bebé, inclinó su estilizado cuerpo, se agarró a los barrotes de esa cuna para afianzarse y mirar al interior, que visión tan borrosa, parecía como un pozo sin fondo, de repente...¿qué o quién se tiende en ella?, ¿qué o quién reposa ahí? Pero..., ya saben que esto forma parte del siguiente capítulo del.....

Asunción 

           
           
                                          Saxo en la niebla
                                      ( La lengua de las maripiposas) 

                                         
                                        
                                           Nana, Wigenlied (Brahns)

   

2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Bueno, vamos a ver que pasa en el siguiente capitulo, no lo sé ni yo, jajajajajaj.....

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